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Sans & Sans / Casa de té

Comercial

Description

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  • Superfície: 55m2
  • Localización: Barcelona
  • Fecha: 2014
  • Diseño gráfico: Andrés Requena
  • Rótulo neón: Josema Urós
  • Fotos: José Hevia
  • Actualmente la calle Argenteria, antes Plateria, se ha convertido en uno de los bulevares peatonales a cielo abierto más transitados del barrio del Borne, situado en centro histórico de la ciudad de Barcelona. La estratégica ubicación la calle como puerta de entrada al barrio del Born des de la Via Laietana hacia la Basílica de Santa María del Mar forma parte de un recorrido -completado por Pg. del Born, Montcada y Princesa- de calles con una densa oferta comercial y cultural. El tejido comercial del barrio tiene su orígen en el asentamiento, siglos atrás, de multitud de gremios de la ciudad medieval en la que éstos acabaron traspasando su nombre a las calles que ocupaban. Nomenclator cuya memoria nos da una idea de la efervescencia del lugar durante su pasado lejano. Desde finales del SXIX y durante casi todo el siglo XX la actividad del barrio vino marcada por ser el entorno del antiguo mercado de abastos de la ciudad de Barcelona, recientemente convertido en centro de atracción histórico cultural, al museizar su subsuelo tras unas largas excavaciones arqueológicas. El orígen del negocio del que se nos encarga rediseñar su interior es la actividad de venta de té a granel, procedente de todo el mundo, regentada por la família Sans, a su vez propietarios del casi centenario comercio Cafés El Magnífico ubicado justo en frente del local a intervenir y donde en realidad se empezó la venta de té compartida con la del tueste y venta café, a principios de los ’90. El proyecto asume un proceso de conversación continuada con la propiedad que abarca un período de casi cuatro años. Gran parte de dicha conversación se fue sucediendo intermitentemente, entre otros métodos, durante el frenético ir y venir por las calles, y otros rincones del barrio, el tránsito desde las dos tiendas de la calle Argenteria y el centro logístico (oficinas y almacén) de la empresa, que aglutina los dos negocios -también dedicados a la venta al por mayor-, instalado detrás de la sede central de Correos. Así como durante los cronometrados tiempos de tueste de café (unos 17’) que Salvador Sans ‘oficia’ en la máquina de tostar, a la vista del transeúnte. Éste anecdotario procesual es sumamente trascendente ya que para la transformación final de Sans&Sans-“Casa de té” y su relación con la calle todo éste poso acumulado se empieza a materializar decidiendo primeramente ofrecer un sutil intersticio entre interior y exterior. Éste intersticio facilitará la continuidad -y acceso al interior de la tienda desde la calle Argenteria- con el del barrio y sobre todo con el otro negocio -de venta de café- ubicado en la fachada confrontada, como ya hemos explicado. La elección de un nuevo pavimento interior en piedra de 40 cm de ancho y largo libre también viene dada por las mismas intenciones. El cerramiento de la fachada es mediante una puerta automática de vidrio y un paño fijo. Los sistemas de motorización de la puerta así como la sujeción del paño de vidrio fijo contiguo a la misma quedan integrados en el intersticio como hecho perceptivo sumatorio a la continuidad con el exterior. Un sistema de grandes porticones, construidos en hierro y de doble hoja articulada -para el cierre de seguridad de la tienda- acaba de configurar el marco de ingreso. El diseño de éstos porticones pretende recoger el antiguo arquetipo del barrio -realizado en madera- aún existente en numerosos comercios, aunque en muchos casos han perdido su función original. Cabe incidir en un hecho, en relación a la calle, bien particular: los vendedores de ambas tiendas que forman parte del misma empresa cruzan constantemente, de modo natural, los cuatro metros que las unen, en función del volumen y concurrencia de la clientela en ambos comercios. Así pues, parte de la calle que separa las dos tiendas se ha convertido en un espacio que ambos negocios han hecho suyo, mediante una sutil apropiación. El nuevo interior será un lugar de cobijo en el que sentirse perceptivamente en un trozo de ciudad acomodada para la venta de algo tan específico como el té, rememorando lo que sucedía seguramente, de manera más efímera e improvisada, un siglo atrás por esas mismas calles. Para ello surge la idea de trabajar la muestra de latas de y otros enseres propios de los diversos requerimientos del programa, a través del concepto de ‘apilamiento’ como eje vertebrador del proyecto, sustraído a su vez del modo de hacer tan propio y singular de los antiguos mercados de abastos, y sus alrededores, tomado de la reflexión sobre la memoria del lugar. La iluminación pretende crear una atmósfera sugerente que se sume al uso del color y de cuya mezcla resulte una sensación de confort que a su vez reporte una experiencia espacial al visitante. El espacio ofrece una singular proporción volumétrica de forma romboide en planta y con una altura interior libre de más de 3 metros. La presencia de una gran jácena que atraviesa el volumen en su eje transversal compartimenta el techado en dos. En la primera parte de ese techo queda un antiguo revestimiento de cañizo enyesado y la moldura que lo remata, que se deciden mantener ya que ofrece un artesonado que se encuentra con el mismo dibujo en otros lugares del edificio -cuya construcción data de mediados del SXIX- en el que se ubica el local (p.ej. en la fachada o la portería de vecinos). La segunda parte del anterior falso techo (de placas de escayola) se derriba para dejar descubiertas unas toscas bigas de madera ya reforzadas en alguna fase anterior y que soportan un forjado a base de llatas de madera y tablilla cerámica… que explica la particular remonta en la parte posterior del local original (la mitad de la superfície de la que se dispone ahora) por parte del edificio vecino sobre el patio de ventilación trasero. La búsqueda de una atmósfera que muestre una explícita materialidad para explicar mediante cierta honestidad constructiva histórica el paso del tiempo y el reposo de los hechos vividos entre las paredes del lugar motiva también otras decisiones. Es por ello que los paramentos que delimitan el espacio perimetralmente quedan expuestos -a partir de la altura en la que finaliza el almacenamiento de producto- con sus texturas constructivas originales (distintos tipos de aparejo en ladrillo macizo) en busca de un pulso más urbano que ofrezca contraste con los distintos sistemas de almacenamiento y mobiliario, así como con la microarquitectura surgida en el fondo del espacio que se desarrolla de manera autónoma, mediante despieces y pliegues, tras la que queda escondido un pequeño almacén y el aseo para el personal. Ésta pieza -de aire escultórico- que se resuelve mediante el revestimiento de tableros de contrachapado acabado en fresno y cuyos pliegues acaban suspendidos gracias a una ligera estructura en hierro anclada all forjado aloja una vitrina y estantes de exposición de producto además de un diminuto ‘office’ a la vista -acabado en acero y madera de caoba maciza- que sirve para preparar, catar y ofrecer a los clientes breves explicaciones sobre las múltiples maneras de preparar el té -además de almacenar utillaje diverso- toma sus referencias de los particulares embalajes de madera con los que la mercancía llega de ultramar. Éste elemento articula gran parte del programa de usos y además esconde una gran puerta corredera que cierra el almacén y posibilita que el sistema de aire acondicionado sea escamoteado y pase desapercibido. El otro gran elemento que proyecta la imagen de la tienda hacia el exterior es una gran estantería que muestra hasta 300 latas cilíndricas de 4kg llenas de de te -acabadas en metál lacado-. La estantería está construida mediante tableros contrachapado de abeto fijados a una estructura de tubo y perfilaría de hierro. El diseño de ésta gran pieza se acomoda -dibujando una gran curva poligonal en planta que aprovecha el ángulo que forman las paredes perimetrales- mediante un gesto que abraza el espacio y que quiere ser un gran telón de fondo de la actividad llevada a cabo en el mismo. Enfrente de la gran estantería de latas se dispone el mueble mostrador de 5 metros donde enseñar, oler, pesar y empaquetar la mercancía. Éste mueble se ha realizado en madera de fresno maciza y superfícies de trabajo en piedra natural y vidrio. En la otra pared longitudinal del local se muestran todo tipo de piezas de menage para la preparación y degustación de té en el interior de unas vitrinas conformada a base de diversos prismas irregulares apilados sobre un limpio volumen que disimula unos grandes cajones extraibles donde almacenar la reposición del producto. El mueble del escaparate ofrece un marco selectivo y a la vez configura una imagen de proximidad y escala humana al viandante como busca ser también el rótulo de neón suspendido en el espacio de entrada. El mueble escaparate está realizado en madera de fresno, vidrio, acero y piedra natural. En definitiva, en el momento actual en que la supervivencia del comercio histórico de la ciudad de Barcelona sufre una situación ciertamente paradójica provocada por los nuevos aires de la economía de la ciudad, y otras circunstancias diversas, hemos tratado de resolver el proyecto en clave de ciudad, friccionando con ella, siendo un poro más del cuerpo latente entre lo público y lo privado, teniendo muy en cuenta en primer término la escala y proporción de la intervención, y en segundo término el barrio: su historia y su memoria. Texto: Tomás López Amat