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Escuela de danza

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  • SELECCIONADA PREMIS FAD 2018
  • Superfície: 85 m2
  • Localidad: Barcelona
  • Fecha: 2015 - 2017
  • Fotografía: José Hevia
  • La obra de rehabilitación e interiorismo de éste proyecto ocupa 85m² en uno de los dos locales existentes en los bajos de un edificio de viviendas situado en la calle Atenas 5 del Turó de Monterols, en el barrio de Sant Gervasi. El edificio, proyectado en 1943 por el arquitecto Sixte Illescas, se encuentra junto a otro edificio de viviendas también proyectado por el mismo arquitecto; ambos forman un conjunto en la esquina de la calle Atenas con la calle Monterols. El de Atenas 5, todo y estar construido poco después de la Guerra Civil ofrece a primera vista una fachada de características compositivas claramente modernas aún. El encargo que recibimos por parte del cliente constaba de una programa bien claro: convertir el local más amplio de los existentes en los bajos de todo el conjunto y que estaba compuesto, hasta ahora, por 3 espacios conectados entre si y un pequeño aseo ganado al patio de luces, en una escuela de danza que disponga de un espacio o sala principal, para llevar a cabo las clases. El nuevo proyecto debía incluir algunos otros pequeños espacios servidores (vestidor, lavabo) del principal que obviamente deben cumplir la normativa según marca la actividad a desarrollar en él y su pública concurrencia. Además el proyecto debe de atender y desarrollar específicamente la importante cuestión del acondicionamiento acústico, que es de obligado y estricto cumplimiento en éste tipo de actividad. El local disponía de un solo acceso directo a la calle mediante una gran puerta de dos hojas, colocada en el eje central del espacio interior, acompañada por dos grandes ventanales dispuestos los tres en perfecta simetría. Los cerramientos de éstos tres huecos seguían siendo los originales según el diseño de Sixte Illescas - de madera de roble macizo - y en muy buen estado de conservación. Estas tres oberturas en fachada dibujan un estricto orden compositivo junto con el despiece del revestimiento de la misma (una piedra artificial), cubriéndola hasta el primer piso creando un limpio zócalo en todo el edificio, y los ventanales apaisados de los cinco pisos que componen la totalidad de la fachada en los que sí que el proyecto de Sixte Illescas ofrece un sutil juego, de volúmenes y retranqueos creando un lenguaje de llenos y vacíos, muy interesante a nivel plástico. La premisa inicial del proyecto fue preservar el mayor número de elementos preexistentes posible en la fachada manteniendo su aspecto original, por su interés compositivo, la armonía con el conjunto y el consecuente ahorro económico, dentro del escaso presupuesto disponible. Hubo que cambiar los antiguos vidrios de 4 mm y adaptar unos nuevos vidrios laminados para cumplir con el aislamiento acústico exigido por la normativa. También hubo que cambiar, por el mismo motivo, dos pequeñas puertas existentes: la que comunica el portal de vecinos con el local y otra que daba acceso a un pequeño aseo preexistente. En el caso de la segunda ésta fue escamoteada mediante unos espejos dando una solución de continuidad a todo el paño de pared donde se encuentra -en la sala de baile-, según suele ser obligado en éste tipo de usos. Además de la gran sala debíamos encajar algunas pequeñas dependencias consistentes en un vestuario mínimo y un lavabo para minusválidos. Todo ello se debía resolver con un muy bajo presupuesto en relación a la dimensión y programa; además debíamos incorporar en el proyecto las soluciones de aislamiento acústico respecto a la calle y las viviendas de la misma finca; en el capítulo de premisas programáticas iniciales, el proyecto debía incorporar la instalación de un pavimento técnico (flotante y amortiguado), específico para este tipo de sala y uso. La totalidad del espacio original se asemeja casi a un paralelepípedo; de planta rectangular (12x7 m) y con 4 m de altura libre excepto en el ámbito ocupado por una gran jácena de hormigón armado, en sentido longitudinal, donde ésta altura se reducía a 3,5m. Éste gran elemento estructura que se soporta en dos gruesos pilares centrales equidistantes (de fábrica de ladrillo) y otros dos embebidos en los muros de carga limítrofes, es el que parte el forjado en dos crujías y lo hace a su vez con el espacio, debido a su importante sección y fuerte presencia. La otra importante característica del interior preexistente era que la mitad de uno de los cuatro lados del prisma mostraba un ligero quiebro. El proyecto propuesto plantea acondicionar el local según las exigencias de la actividad (acústica, lumínica y climáticamente) y desmantelar los tabiques interiores, para obtener un nuevo espacio diáfano, ocupado únicamente por la presencia de los dos pilares. La propuesta inserta un nuevo elemento en el espacio que será clave en el proyecto: una ligera estructura metálica, a modo de bastidor y filtro con la ciudad, que sirve para resolver diversas funciones. Se plantea como un pórtico de entrada a la sala que adquiere incluso -en su materialización- un importante carácter representativo asimilándose a esos ámbitos ‘entre bastidores’ tan propios del mundo del teatro. Es ese carácter de artefacto escenográfico -y su relación con la propia actividad del aula de danza- el que nos induce a plantear su diseño mediante un tratamiento asociado a lo performativo; desarrolla una idea provisionalidad mediante materiales propios del ámbito escénico: téxtil, color, madera, plástico. Es a su vez una pequeña arquitectura dentro de otra, con la que además muestra cierta resonancia, aceptando en su propia formalización ciertos aspectos del edifico proyectado por Sixte Illescas. El encaje urbano de todo el conjunto edificado en los años 40, en la esquina dibujada por las calles Atenas y Monterols, se formaliza mediante el ángulo agudo -descrito por dichas calles- al que Sixte Illescas dio respuesta mostrando en su propuesta un ligero quiebro en una de las cuatro paredes del parlelepípedo que forma el local del proyecto. El diseño de la nueva estructura-pórtico que proponemos asume ese gesto preexistente con naturalidad estableciendo un vínculo silencioso con aquello que la arropa a modo de desplazamiento de escalas, de lo urbano a lo doméstico, y mira de corresponder -mediante ese gesto sutil- su atenta conexión tanto con la ciudad como con el proyecto de Sixte Illescas. Las medidas de dicha estructura vienen dadas por los ámbitos de uso y de paso exigidos, también mínimos. Esta estructura que regula la relación entre la calle y el interior de la sala está construida -principalmente- mediante perfileria de tubo de hierro de 50x30 mm lacada, y sus huecos están cerrados con 3 tipos de material distinto: vidrio laminado transparente, policarbonato celular translúcido y tablero de madera contrachapada, en función del grado de intimidad que deban ofrecer sus dependencias; sin embargo algunos de esos huecos (los superiores) no son ocupados por ningún material de cerramiento, dotan de mayor esveltez y ligereza al conjunto, buscando un mejor equilibrio entre el gran espacio del aula y las dependencias de apoyo a la misma. Ésta pieza se dispone anclada junto a la cara interior de la fachada, desde la puerta de acceso y hasta la esquina interior más cercana. A través de ella se salvan las diferencias de cota entre la calle y el nuevo pavimento técnico, mediante una pequeña rampa; colmata parcialmente la altura disponible y está parcialmente cubierta (únicamente en el lavabo) por un techo de tablero contrachapado a modo de altillo. Ésta microarquitectura aloja todos los usos del programa (vestíbulo de acceso, recepción, vestuario y lavabo) que van más allá del aula de danza. El espacio principal donde se llevan a cabo las clases y ensayos se equipa mediante espejos de gran tamaño en su esquina más despejada (como es propio en las aulas de danza), escamotean un minúsculo aseo preexistente ganado al patio interior. En otras dos paredes se instalan barras de apoyo para los bailarines, que decidimos acompañar de unos arrimaderos acabados con paneles de la misma madera utilizada para algunos de los cerramientos del pórtico de entrada y vestuario. Por último, se pinta de negro la altura del último tramo de pared (justo por encima de la estructura de vestuario-lavabo) y también el falso techo de cartón-yeso suspendido, del que se cuelgan los lineales de fluorescencia, paralelos a la jácena principal, que resuelven la iluminación de la sala. El proyecto pretende pues, hacer de la escasez presupuestaria una virtud y a su vez no desmerecer en el intento de lograr un espacio con cierta poética referencial a la actividad que acoge, como también desarrollar un claro vínculo con la destacable memoria arquitectónica del edificio y su situación urbana de los que toma prestado ciertos mecanismos compositivos, asumiendo el ejercicio proyectual como un hilo sin fin.